En un contexto interno todavía desafiante, el sector maderero comienza a mostrar cierta estabilidad en los niveles de actividad y encuentra en el comercio exterior una válvula de escape para sostener producción y empleo.
La industria de la madera atraviesa un momento bisagra. Luego de meses marcados por una fuerte contracción del mercado interno, el sector empieza a mostrar señales de estabilización en los niveles de actividad, al tiempo que refuerza su perfil exportador como estrategia para sostener la producción, preservar el empleo y atravesar una coyuntura económica compleja.
Así lo reflejan los últimos análisis de la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), que monitorea de manera periódica la evolución del mercado nacional y externo de la actividad.
En un escenario atravesado por altas tasas de interés, consumo retraído y una obra pública prácticamente paralizada, la industria maderera logró frenar la caída y consolidar un piso de actividad similar al registrado en octubre, mes en el que se había verificado una leve recuperación.
“Durante noviembre y lo que va de diciembre observamos una continuidad en los niveles de actividad de octubre. Si bien el contexto sigue siendo desafiante, algunos indicadores permiten pensar en una etapa de transición hacia un escenario más previsible”, explicó el asesor de mercado de FAIMA, Gustavo Cetrángolo.
MERCADO INTERNO TODAVÍA DÉBIL
El informe sectorial advierte que el mercado interno continúa mostrando importantes limitaciones.
Los precios de la madera se mantienen prácticamente sin variaciones desde hace más de un año, en un contexto de fuerte competencia comercial, con descuentos generalizados para poder cerrar operaciones. Esta dinámica impacta de lleno en la rentabilidad de las empresas, especialmente de las pymes, que en muchos casos trabajan con márgenes mínimos o incluso a pérdida.
A ello se suma la acumulación de inventarios en numerosos aserraderos, que derivó en ofertas de liquidación para reducir stocks, y una operatoria comercial cada vez más frágil. Según los informantes del sector, se observa un aumento de cheques rechazados en la plaza y mayores dificultades para acceder al financiamiento, aun cuando este resulte caro.
“La intensa competencia de precios, la extensión de plazos de pago y hasta algunas prácticas informales terminan erosionando la rentabilidad y generan señales de alerta en la cadena de pagos”, señalaron desde FAIMA.
En paralelo, la industria viene ajustando su funcionamiento a la demanda real, con reducciones en horas trabajadas y adecuaciones en los niveles de producción. Este proceso, lejos de ser coyuntural, podría derivar en una etapa de reestructuración del entramado industrial, especialmente si el escenario interno no logra consolidar una recuperación más firme.
EXPORTACIONES: UN SOSTÉN CLAVE
Frente a este contexto doméstico adverso, el comercio exterior aparece como una de las principales herramientas para sostener la actividad. De acuerdo con el relevamiento de FAIMA, las exportaciones de madera aserrada de pino crecieron un 30,7% en los primeros once meses de 2025, impulsadas fundamentalmente por la demanda de mercados asiáticos.
“Frente a la debilidad del mercado interno, la exportación se consolida como una herramienta clave para sostener la actividad, reducir costos fijos, asegurar cobranzas y preservar el empleo, aun cuando los márgenes sean ajustados”, sostuvo Cetrángolo.
Un dato relevante es que este proceso, históricamente concentrado en grandes empresas, comienza a incorporar a un mayor número de aserraderos pymes que, aun con rentabilidades acotadas, encuentran en el exterior una alternativa para mantener las plantas en funcionamiento.
No ocurre lo mismo con Estados Unidos, donde la demanda se mantiene contenida y estrechamente vinculada a la construcción de viviendas, un segmento que todavía no muestra signos claros de reactivación. Esta disparidad de mercados obliga a las empresas a diversificar destinos y a ganar competitividad para sostener su inserción internacional.
Desde la empresa misionera valoraron especialmente el proceso de evaluación externa. “Que venga alguien de afuera a mirar cómo está todo, cómo trabaja la gente y qué condiciones tienen, y que después haga una devolución, es muy importante porque siempre hay cosas para mejorar”, señaló Daniel Durán, ingeniero de Selva SRL.
Además, subrayó que este tipo de certificaciones contribuyen a ordenar el sector y a generar reglas más equitativas en un contexto donde la informalidad sigue siendo un problema estructural.
Con esta iniciativa, el RENATRE busca ampliar la adopción de prácticas laborales sostenibles en el ámbito rural y forestal, promoviendo empleo formal, condiciones de trabajo dignas y un desarrollo productivo más equilibrado, aun en un escenario económico desafiante para la actividad.
fuente:infocampo
















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